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Abuso y violencia
Vivir en un hogar que duele
Violencia doméstica
En otros lugares, esta experiencia se ha llamado "violencia doméstica", "violencia de género" o "maltrato en el hogar". Nosotros preferimos describir la experiencia, no etiquetarla. Lo importante no es el nombre, sino que lo que sientes tiene sentido, tiene historia y, sobre todo, tiene salida.
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¿Qué está viviendo esta persona?
Hay personas que viven en un hogar que duele. No es un hogar. Es un campo de batalla. Golpes, insultos, humillaciones, control, amenazas, aislamiento. El agresor puede ser la pareja, un familiar, un cuidador.
Quien vive así camina de puntillas, para no provocar. Tiene miedo constante. Miedo a la próxima paliza, a la próxima humillación. Se siente atrapada. El agresor la ha aislado de su familia y amigos. Controla su dinero, su teléfono, sus movimientos. Le ha hecho creer que sin él no es nada, que nadie la va a querer, que es su culpa.
No es que esta persona "quiera" estar ahí. Es que salir es peligroso. El agresor ha amenazado con matarla, con quitarle los hijos, con suicidarse. Y ella le cree.
Quien vive así suele experimentar:
- Golpes, empujones, patadas, objetos lanzados.
- Insultos, humillaciones, desprecios.
- Control de su dinero, teléfono, amistades, movimientos.
- Aislamiento de su familia y amigos.
- Amenazas (si te vas, te mato, te quito a los hijos, me suicido).
- Miedo constante.
- Culpa (se lo he buscado, he provocado su enfado).
- Baja autoestima (no valgo nada, nadie me va a querer).
- Ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático.
- Los hijos también sufren, aunque no reciban golpes directamente.
No es que esta persona "sea tonta" o "se lo busque". Es que el maltratador la tiene atrapada. Y salir es peligroso.
La violencia doméstica duele porque el hogar debería ser un lugar seguro, y es un infierno. No hay tregua. Además, la víctima a menudo quiere al agresor (o le ha querido). Es su pareja, el padre de sus hijos. La ambivalencia es muy dura.
También duele por la vergüenza. No se atreve a contarlo. Cree que es su culpa.
La persona maltratada suele sentirse atrapada, asustada, avergonzada, culpable.
Muchas personas en esta situación no han tenido la oportunidad de escuchar: "No es tu culpa. No te lo has buscado. El maltratador es responsable. Mereces estar a salvo. Hay ayuda."
Hay salida
La salida es reconocer que estás en una situación de violencia, pedir ayuda, y salir de forma segura.
Con el acompañamiento adecuado, muchas personas que han sufrido violencia doméstica descubren que es posible:
- Reconocer que lo que vives es violencia (no es "normal", no es "amor").
- Salir de la relación de forma segura (con ayuda de recursos especializados).
- Sanar las heridas físicas y emocionales.
- Reconstruir la autoestima.
- Recuperar la confianza en el mundo.
- Proteger a los hijos.
Hay salida. No es fácil. Pero se sale. Y no tienes que hacerlo solo.
Un enfoque diferente: la mirada humanista
¿En qué consiste esta mirada?
Parte de una idea sencilla y profunda: la violencia doméstica no es amor. No es tu culpa. No te lo has buscado. Mereces estar a salvo. Tus hijos merecen estar a salvo.
¿Cómo se traduce esto en la práctica?
- En lugar de juzgarte por no haberte ido antes, te acompañamos.
- En lugar de minimizar el peligro, te ayudamos a hacer un plan de seguridad.
- En lugar de etiquetarte, te ayudamos a describir tu propia experiencia.
Esta es la mirada que ofrecemos en este directorio.
¿Cómo puede ayudar un acompañamiento humanista?
El acompañamiento te ofrece:
1. Una mirada incondicional, sin etiquetas
Aquí no eres "una víctima de violencia doméstica". Eres una persona que está siendo maltratada. El terapeuta te cree.
2. Un espacio seguro
No vas a ser juzgada. No te van a decir "por qué no te fuiste antes".
3. Reconocer la violencia
A veces, la persona no es consciente de que está siendo maltratada. El acompañamiento te ayuda a verlo.
4. Plan de seguridad
Si sigues en la relación, el terapeuta te ayuda a hacer un plan para salir de forma segura (cuándo, cómo, adónde, con quién, con los hijos).
5. Derivación a recursos especializados
Casa de acogida, asesoría legal, órdenes de alejamiento, ayuda para los hijos. El terapeuta te orienta.
6. Trabajar el trauma
La violencia doméstica deja secuelas. El acompañamiento trata el estrés postraumático.
7. Reconstruir la autoestima
No eres lo que el maltratador te hizo creer. El acompañamiento te ayuda a recuperar tu valor.
8. Un proceso a tu ritmo, sin plazos ni exigencias
¿Qué debo buscar en un counsellor o terapeuta?
1. Que sea miembro activo de una asociación profesional (AECO, AIGC, FEAP, AETG, AEIPP, AICO, BACP, etc.). En Europa, la EACP es la entidad que nuclea el movimiento del counselling.
2. Que tenga experiencia en violencia doméstica o violencia de género
3. Que te crea y no te juzgue
4. Que pueda derivar a recursos especializados (casa de acogida, asesoría legal, etc.)
Profesionales que acompañan este tipo de sufrimiento
Próximamente habrá profesionales especializados en este acompañamiento.