loader
← Volver a todos los problemas
Ánimo infantil y valía

Un niño con el corazón gris

Depresión infantil

En otros lugares, esta experiencia se ha llamado "depresión infantil" o "trastorno depresivo en la infancia". Nosotros preferimos describir la experiencia, no etiquetarla. Lo importante no es el nombre, sino que lo que el niño siente tiene sentido, tiene historia y, sobre todo, tiene salida.

¿Qué está viviendo este niño?

Hay niños que han perdido la alegría. No es que estén tristes un día y al siguiente se les pase. Es que la tristeza se ha instalado como un gris permanente. El niño que antes reía, jugaba, se enfadaba y se reconciliaba, ahora parece apagado. Como si alguien hubiera bajado el volumen de su vida.

Este niño puede estar irritable, enfadarse por cualquier cosa, o al revés, estar tan apagado que parece que no le importa nada. Se queja de que le duele la tripa, la cabeza, sin que haya causa médica. No quiere ir al colegio. Ha dejado de jugar con sus amigos. Ya no le interesan los juegos que antes le apasionaban.

No es que este niño sea "vago" o "mal educado". Es que su corazón está gris. Y no sabe cómo volver a pintarlo de colores.

Quien vive así suele experimentar:

- Estado de ánimo triste o irritable la mayor parte del día, casi cada día.

- Pérdida de interés o placer en actividades que antes disfrutaba.

- Cambios en el apetito (come mucho más o mucho menos).

- Problemas para dormir (insomnio o dormir en exceso).

- Fatiga o pérdida de energía.

- Sentimientos de inutilidad o culpa.

- Dificultad para concentrarse en la escuela.

- Quejas físicas frecuentes (dolor de tripa, de cabeza, náuseas) sin causa médica.

- Aislamiento social (se aleja de amigos y familia).

- Irritabilidad o rabietas desproporcionadas.

- Pensamientos sobre la muerte o ideas de no querer estar aquí.

No es que este niño "esté triste porque sí". Es que algo en su mundo interior o exterior le está pesando demasiado. Y no sabe cómo pedir ayuda.

!

¿Por qué duele tanto?

La depresión infantil duele porque el niño se está perdiendo la infancia. La etapa que debería ser de juego, descubrimiento y alegría se convierte en un desierto gris. Y los padres, desconcertados, a veces piensan que es una fase, que es culpa suya, o que el niño está "manipulando".

Detrás de la depresión infantil suele haber:

- Eventos estresantes o traumáticos: pérdida de un ser querido, divorcio de los padres, acoso escolar, abuso.

- Una historia familiar de depresión. Hay una vulnerabilidad heredada.

- Un temperamento especialmente sensible o reactivo.

- Dificultades en el colegio (problemas de aprendizaje, TDAH, dislexia) que generan frustración y baja autoestima.

- Problemas de salud física que afectan al estado de ánimo.

- A veces, no hay una causa externa clara. La depresión aparece igualmente.

El niño con depresión suele sentirse incomprendido. Los adultos le dicen "ánimo", "no es para tanto", "tienes de todo para ser feliz". Pero él no puede. Su tristeza no es una elección.

Muchos niños con depresión no han tenido la oportunidad de escuchar: "No es tu culpa. No eres vago. No eres malo. Tu tristeza es real. Y se puede salir."

Hay salida

Lo primero que hay que decir es esto: la depresión infantil tiene tratamiento. Se puede salir.

La salida no es "decirle que se anime". Eso no funciona. La salida es un acompañamiento que entienda la profundidad de su tristeza, que no juzgue, y que le ayude a recuperar poco a poco la conexión con la alegría.

Con el acompañamiento adecuado, muchos niños con depresión descubren que es posible:

- Recuperar la energía, el sueño y el apetito.

- Volver a sentir interés por juegos y amigos.

- Dejar de sentirse inútiles o culpables.

- Mejorar en el colegio.

- Recuperar la capacidad de disfrutar.

- Dejar atrás los pensamientos tristes.

Hay salida. No es fácil. No es lineal. Pero se sale. Y la familia no tiene que hacerlo sola.

Un enfoque diferente: la mirada humanista

Existen muchas formas de entender y acompañar la depresión infantil. Cada enfoque tiene su valor y puede ser útil para diferentes niños y familias en diferentes momentos.

El enfoque que presentamos aquí es el humanista, existencial y fenomenológica. Es el enfoque que se utiliza ampliamente en Europa y en muchas otras partes del mundo para acompañar estas experiencias sin reducirlas a "trastornos", sin etiquetar al niño y sin tratarlo como un conjunto de síntomas.

¿En qué consiste esta mirada?

Parte de una idea sencilla y profunda: la tristeza del niño no es un error. Es una señal de que algo necesita ser atendido. Y como señal, puede ser escuchada, acogida y transformada.

¿Cómo se traduce esto en la práctica?

- En lugar de preguntar "qué trastorno tiene", preguntamos "qué le pasa y cómo vive su tristeza".

- En lugar de centrarnos en eliminar los síntomas, miramos al niño entero: su cuerpo, sus emociones, sus relaciones, su escuela.

- En lugar de juzgar su irritabilidad o su apatía, las acogemos con comprensión.

- En lugar de etiquetar, ayudamos al niño a describir su propia experiencia.

¿Qué conduce al bienestar desde esta visión?

El bienestar no se alcanza solo con que desaparezca la tristeza. Se alcanza ayudando al niño a recuperar el sentido de sí mismo, a sanar las heridas, y a reconstruir la capacidad de disfrutar.

¿Y qué lugar ocupa la tristeza?

En la mirada humanista, la tristeza no es un "síntoma patológico". Es una emoción humana que nos avisa de que algo no va bien. Acompañar no es silenciar la tristeza, sino escuchar qué quiere decir.

Esta es la mirada que ofrecemos en este directorio. Y es la mirada que guía la forma en que nuestros profesionales acompañan a los niños con el corazón gris y a sus familias.

¿Cómo puede ayudar un acompañamiento humanista?

En el counselling, la terapia y/o la psicoterapia humanista no se mirará al niño como un "depresivo" ni se le pondrá ninguna etiqueta que lo encierre. Se le verá como un niño que, en este momento de su vida, tiene el corazón gris, y necesita un espacio para entender qué le pasa y recuperar los colores.

No se tratará de "decirle que se anime". Se tratará de acompañarle a que él mismo encuentre el camino de vuelta a la alegría.

El acompañamiento humanista, existencial y fenomenológico ofrece:

1. Un espacio seguro para el niño

Con juegos, cuentos, dibujos, arena, marionetas. El niño puede expresar su tristeza sin tener que ponerla en palabras. El terapeuta le sigue, no le impone.

2. Un espacio para los padres

Los padres no son culpables, pero pueden aprender herramientas para ayudar al niño en casa. El acompañamiento incluye orientación a la familia.

3. Ayudar al niño a nombrar su tristeza

"El gris se llama tal", "La tristeza es como una nube". Nombrar lo que siente ya es un primer paso para dominarlo.

4. Recuperar la energía poco a poco

No se trata de "obligarle a hacer cosas". Se trata de invitarle, acompañarle, celebrar cada pequeño paso. Un paseo de cinco minutos. Un juego de mesa. Una visita de un amigo.

5. Reconstruir la autoestima

El niño con depresión suele creer que no vale nada. El terapeuta le ayudará a descubrir sus fortalezas, a sentirse competente, a recuperar la confianza.

6. Acompañar los pensamientos tristes

Si el niño habla de querer morirse o de no querer estar aquí, es importante que el terapeuta sepa acompañarlo sin asustarse, y tomar las medidas de seguridad necesarias.

7. Trabajar con la familia

A veces la depresión del niño está relacionada con dinámicas familiares (divorcio, conflictos, enfermedades). El acompañamiento puede incluir sesiones con los padres o con toda la familia.

8. Un proceso a su ritmo, sin plazos ni exigencias

La depresión infantil no se cura en dos semanas. Un buen acompañamiento respeta los tiempos del niño.

¿Qué debo buscar en un counsellor o terapeuta?

Si decides buscar acompañamiento para tu hijo, aquí tienes algunas pistas para encontrar a la persona adecuada:

1. Que sea miembro activo de una asociación profesional o colegio de psicólogos

Un profesional que pertenece a una asociación profesional referente en el enfoque humanista, existencial y fenomenológico —como AECO, AIGC, FEAP, AETG, AEIPP, AICO, BACP y otras— acredita y prestigia su práctica. En Europa, la EACP es la entidad que nuclea el movimiento del counselling.

2. Que tenga formación específica en trabajo con niños

No es lo mismo atender a un adulto que a un niño. El terapeuta debe saber usar juegos, cuentos, dibujos, arena.

3. Que no etiquete a tu hijo

Si el terapeuta te dice "tu hijo tiene un trastorno depresivo" en la primera sesión, probablemente no está trabajando desde la mirada humanista.

4. Que incluya a la familia

El niño no vive aislado. Un buen terapeuta incluirá a los padres en el proceso.

5. Que sepa acompañar pensamientos suicidas si aparecen

Pregunta directamente: "¿Cómo manejas si un niño expresa ideas de no querer vivir?" Un buen terapeuta sabrá responder con claridad y sin alarmarse.

6. Que te ofrezca una primera conversación sin compromiso

Aprovéchala para conocerle y escuchar tu intuición.

Profesionales que acompañan este tipo de sufrimiento

Próximamente habrá profesionales especializados en este acompañamiento.

0 Items
0