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Ánimo infantil y valía
Un niño atrapado en el miedo
Ansiedad infantil
En otros lugares, esta experiencia se ha llamado "trastorno de ansiedad infantil", "ansiedad por separación", "fobias infantiles", entre otros. Nosotros preferimos describir la experiencia, no etiquetarla. Lo importante no es el nombre, sino que lo que el niño siente tiene sentido, tiene historia y, sobre todo, tiene salida.
¿Qué está viviendo este niño?
Hay niños que viven con un miedo que no se va. No es un miedo puntual a la oscuridad o a los monstruos debajo de la cama. Es un miedo que los acompaña a todas partes: a la escuela, al parque, a la cama, a la hora de comer.
Este niño puede estar tranquilo aparentemente, pero por dentro hay una alerta constante. Puede quejarse de dolor de tripa, de cabeza, de que le duele algo sin explicación. No quiere ir al cole. No quiere dormir solo. No quiere separarse de sus padres. Le cuesta concentrarse en clase. Tiene pesadillas. A veces, rabietas que no parecen tener sentido.
No es que este niño sea "débil" o "manipulador". Es que su cuerpo y su mente están en estado de alerta, y no sabe cómo calmarse.
Quien vive así suele experimentar:
- Preocupación excesiva y difícil de controlar sobre muchas cosas (escuela, salud, desastres, separación de los padres).
- Irritabilidad, inquietud o agitación.
- Fatiga o cansancio fácilmente.
- Dificultad para concentrarse o mente en blanco.
- Tensión muscular.
- Problemas de sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, pesadillas).
- Quejas físicas frecuentes: dolor de tripa, de cabeza, náuseas.
- Evita situaciones que le generan miedo (ir al cole, dormir solo, separarse de los padres).
- Rabietas o llanto desproporcionado ante situaciones que para otros niños no serían un problema.
No es que este niño "quiera" estar así. Es que su sistema de alarma se activa con demasiada facilidad, y aún no ha aprendido a calmarlo.
El miedo infantil duele porque el niño no entiende lo que le pasa. Siente que algo malo va a ocurrir, pero no sabe qué. Sus padres pueden decirle "no pasa nada", pero su cuerpo no les cree. Y eso genera frustración, rabia y más miedo.
Detrás de la ansiedad infantil suele haber:
- Una predisposición heredada. La ansiedad suele darse en familias.
- Un estilo de crianza sobreprotector o, por el contrario, impredecible.
- Eventos estresantes: mudanza, cambio de escuela, nacimiento de un hermano, enfermedad, pérdida.
- Un temperamento especialmente sensible o reactivo.
- A veces, un trauma o una situación de abuso o acoso que el niño no sabe comunicar.
La familia suele sentirse frustrada y culpable. No entienden por qué el niño está así. Los profesores pueden etiquetarlo de "dramático" o "vago". El niño, además, se siente incomprendido.
Muchos niños con ansiedad no han tenido la oportunidad de escuchar: "No eres débil. No eres dramático. Tu miedo es real. Y podemos aprender juntos a calmarlo."
Hay salida
Lo primero que hay que decir es esto: la ansiedad infantil tiene tratamiento. El niño puede aprender a gestionar su miedo.
La salida no es "decirle que no tenga miedo". Eso no funciona. La salida es enseñarle, con paciencia y con herramientas adaptadas a su edad, a reconocer su miedo, a calmarlo y a enfrentarlo poco a poco.
Con el acompañamiento adecuado, muchos niños con ansiedad descubren que es posible:
- Identificar qué les da miedo y por qué.
- Aprender técnicas sencillas de respiración y relajación.
- Enfrentar sus miedos paso a paso, sin presión.
- Recuperar la confianza en sí mismos y en el mundo.
- Volver a dormir solos, ir al cole sin llorar, separarse de sus padres.
Hay salida. No es fácil. Pero se sale. Y la familia no tiene que hacerlo sola.
Un enfoque diferente: la mirada humanista
Existen muchas formas de entender y acompañar la ansiedad infantil. Cada enfoque tiene su valor y puede ser útil para diferentes niños y familias en diferentes momentos.
El enfoque que presentamos aquí es el humanista, existencial y fenomenológica. Es el enfoque que se utiliza ampliamente en Europa y en muchas otras partes del mundo para acompañar estas experiencias sin reducirlas a "trastornos", sin etiquetar al niño y sin tratarlo como un conjunto de síntomas.
¿En qué consiste esta mirada?
Parte de una idea sencilla y profunda: el miedo del niño no es un error. Es una señal de que algo necesita ser atendido. Y como señal, puede ser escuchada, acogida y transformada.
¿Cómo se traduce esto en la práctica?
- En lugar de preguntar "qué trastorno tiene", preguntamos "qué le pasa y cómo vive su miedo".
- En lugar de centrarnos en eliminar el síntoma, miramos al niño entero.
- En lugar de juzgar sus rabietas o sus evitaciones, las acogemos con comprensión.
- En lugar de etiquetar, ayudamos al niño a describir su propia experiencia.
¿Qué conduce al bienestar desde esta visión?
El bienestar no se alcanza solo con que desaparezca el miedo. Se alcanza ayudando al niño a desarrollar sus propios recursos para gestionar la ansiedad, y fortaleciendo su confianza en sí mismo y en el mundo.
¿Y qué lugar ocupa el miedo?
En la mirada humanista, el miedo no es un "síntoma patológico". Es una emoción humana que cumple una función protectora. Acompañar no es eliminar el miedo, sino ayudar al niño a que el miedo no lo gobierne.
Esta es la mirada que ofrecemos en este directorio. Y es la mirada que guía la forma en que nuestros profesionales acompañan a los niños atrapados en el miedo y a sus familias.
¿Cómo puede ayudar un acompañamiento humanista?
En el counselling, la terapia y/o la psicoterapia humanista no se mirará al niño como un "trastorno" ni se le pondrá ninguna etiqueta que lo encierre. Se le verá como un niño que, en este momento de su vida, está atrapado en el miedo, y necesita un espacio para entender qué le pasa y aprender a calmarse.
No se tratará de "decirle que no tenga miedo". Se tratará de acompañarle a conocer su miedo, a ponerle nombre, a aprender a respirar, a enfrentarlo paso a paso.
El acompañamiento humanista, existencial y fenomenológico ofrece:
1. Un espacio seguro para el niño
Con juegos, cuentos, dibujos, arena, marionetas. El niño puede expresar su miedo sin tener que ponerlo en palabras. El terapeuta le sigue, no le impone.
2. Un espacio para los padres
Los padres no son culpables, pero pueden aprender herramientas para ayudar al niño en casa. El acompañamiento incluye orientación a la familia.
3. Ayudar al niño a nombrar su miedo
"El miedo se llama Juan", "El miedo es como una nube negra". Nombrar lo que siente ya es un primer paso para dominarlo.
4. Enseñar técnicas sencillas de calma
Respiración de la tortuga, apretar y soltar los músculos, imaginar un lugar seguro. El niño aprende recursos adaptados a su edad.
5. Enfrentar los miedos paso a paso
No se trata de lanzarle a la piscina. Se trata de acompañarle: primero imaginar, luego acercarse un poquito, luego un poquito más. Sin prisa. Cada pequeño paso es un triunfo.
6. Reforzar la confianza
Cada vez que el niño enfrenta un miedo, se le reconoce. No se le castiga por tener miedo. Se le celebra por intentarlo.
7. Prevenir que el miedo crezca
Atender la ansiedad infantil a tiempo evita que se convierta en un problema mayor en la adolescencia o la edad adulta.
8. Un proceso a su ritmo, sin plazos ni exigencias
Cada niño es diferente. Un buen acompañamiento respeta sus tiempos.
¿Qué debo buscar en un counsellor o terapeuta?
Si decides buscar acompañamiento para tu hijo, aquí tienes algunas pistas para encontrar a la persona adecuada:
1. Que sea miembro activo de una asociación profesional o colegio de psicólogos
Un profesional que pertenece a una asociación profesional referente en el enfoque humanista, existencial y fenomenológico —como AECO, AIGC, FEAP, AETG, AEIPP, AICO, BACP y otras— acredita y prestigia su práctica. En Europa, la EACP es la entidad que nuclea el movimiento del counselling.
2. Que tenga formación específica en trabajo con niños
No es lo mismo atender a un adulto que a un niño. El terapeuta debe saber usar juegos, cuentos, dibujos, arena.
3. Que no etiquete a tu hijo
Si el terapeuta te dice "tu hijo tiene un trastorno de ansiedad" en la primera sesión, probablemente no está trabajando desde la mirada humanista.
4. Que incluya a la familia
El niño no vive aislado. Un buen terapeuta incluirá a los padres en el proceso.
5. Que respete el ritmo del niño
No se trata de "curar rápido". Se trata de acompañar.
6. Que te ofrezca una primera conversación sin compromiso
Aprovéchala para conocerle y escuchar tu intuición.
Profesionales que acompañan este tipo de sufrimiento
Próximamente habrá profesionales especializados en este acompañamiento.