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Relación con el cuerpo
Comer hasta ahogar el alma
Trastorno por atracones
En otros lugares, esta forma de sufrir con la comida se ha llamado "trastorno por atracón" o "binge eating disorder". Nosotros preferimos describir la experiencia, no etiquetarla. Tú decides qué palabra, si alguna, te acompaña mejor. Lo importante no es el nombre, sino que lo que sientes tiene sentido, tiene historia y, sobre todo, tiene salida.
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¿Qué está viviendo esta persona?
Hay personas que comen cuando el alma no puede más. No es hambre. Es un empujón oscuro que llega de repente. La comida se convierte en una forma de llenar un vacío que no es del estómago.
Quien vive así come grandes cantidades de comida en poco tiempo. Puede ser en secreto, a escondidas, después de que todos se hayan acostado. Come rápido, sin saborear, como si alguien fuera a quitárselo. Y cuando termina, no viene la purga. No hay vómitos ni laxantes. Solo queda la culpa, el asco, la vergüenza, y la promesa de que "mañana no volverá a pasar".
Pero al día siguiente, o al siguiente, el impulso vuelve. Y vuelve a comer. Y vuelve a odiarse.
Quien vive así suele experimentar:
- Episodios recurrentes en los que ingiere una cantidad de comida claramente mayor de la que la mayoría comería en un período similar.
- Una sensación de pérdida de control durante el atracón: "no puedo parar, no puedo controlar qué o cuánto como".
- Comer mucho más rápido de lo normal.
- Comer hasta sentirse incómodamente lleno.
- Comer grandes cantidades cuando no siente hambre física.
- Comer solo, a escondidas, por vergüenza.
- Después del atracón, sentimientos de asco, depresión, culpa o vergüenza intensa.
- Un sufrimiento profundo por esta conducta, que interfiere en su vida, su trabajo y sus relaciones.
A diferencia de la bulimia, aquí no hay purgas. El peso puede aumentar. La vergüenza también. Y la persona se siente atrapada en un círculo del que no ve salida.
No es que esta persona "quiera" estar así. Es que ha encontrado en la comida una forma de anestesiar un dolor que no sabe cómo calmar de otro modo.
El dolor de los atracones no viene de la comida. Viene de la soledad, la vergüenza y la sensación de estar atrapado en un cuerpo que no se reconoce.
Detrás de los atracones suele haber:
- Un vacío emocional que la persona no sabe cómo llenar. La comida se convierte en un sustituto del consuelo, el cariño o la seguridad que no se han recibido.
- Dificultades para gestionar emociones intensas: la tristeza, la rabia, el aburrimiento, la soledad. El atracón es un anestésico.
- Una baja autoestima profunda: "No valgo nada, no merezco estar bien, así que al menos voy a comer".
- Una historia de restricción o dietas. Cuanto más se restringe, más probable es que llegue el atracón. Es el péndulo.
- Un trauma o una experiencia dolorosa que no ha podido ser procesada.
- La presión social y el estigma del peso, que alimentan la vergüenza y el círculo.
La persona que vive los atracones suele sentirse profundamente avergonzada. Cree que es "gorda y sin voluntad". Cree que es la única. Cree que si los demás supieran, la despreciarían.
Muchas personas que viven este círculo no han tenido la oportunidad de escuchar: "No eres débil. No eres glotona. Esto que te pasa tiene sentido. Y se puede salir."
Hay salida
Lo primero que hay que decir es esto: no es tu culpa. No eres débil. No eres glotona.
La salida no es "ponerte a dieta" ni "tener más fuerza de voluntad". De hecho, las dietas suelen empeorar los atracones. La salida es entender qué hay detrás del atracón, y aprender otras formas de llenar el vacío.
Con el acompañamiento adecuado, muchas personas que viven este círculo descubren que es posible:
- Romper el secreto. Decirlo en voz alta. Dejar de cargar solas con la vergüenza.
- Entender qué función cumplen los atracones: ¿anestesiar? ¿consolar? ¿llenar un vacío?
- Aprender a gestionar las emociones sin pasar por la comida.
- Reconciliarse con el propio cuerpo, dejar de verlo como un enemigo.
- Recuperar una relación con la comida más libre, más amable, sin culpa.
- Sanar la herida de autoestima que hay debajo.
Hay salida. No es fácil. Pero se sale. Y no tienes que hacerlo sola.
Un enfoque diferente: la mirada humanista
Existen muchas formas de entender las dificultades con la comida y el cuerpo. Cada enfoque tiene su valor y puede ser útil para diferentes personas en diferentes momentos.
El enfoque que presentamos aquí es el humanista, existencial y fenomenológico. Es el enfoque que se utiliza ampliamente en Europa y en muchas otras partes del mundo para acompañar estas experiencias sin reducirlas a "trastornos", sin etiquetar a la persona y sin tratarla como un conjunto de síntomas que hay que eliminar.
¿En qué consiste esta mirada?
Parte de una idea sencilla y profunda: tus atracones no son un error. Son una forma de expresar un dolor que no ha encontrado otro cauce. Y como forma de expresión, pueden ser comprendidos, acogidos y transformados. No se trata de "eliminar la conducta", sino de entender qué está diciendo.
¿Cómo se traduce esto en la práctica?
- En lugar de preguntar "qué trastorno tienes", preguntamos "qué te pasa y cómo la comida se ha convertido en tu forma de consuelo".
- En lugar de centrarnos en el peso o en las calorías, miramos la historia emocional.
- En lugar de imponer una dieta, acompañamos a que la persona encuentre su propio equilibrio.
- En lugar de etiquetarte, te ayudamos a describir tu propia experiencia.
¿Qué conduce al bienestar desde esta visión?
El bienestar no se alcanza "controlando" la comida. Se alcanza recuperando la confianza en tu cuerpo y aprendiendo a gestionar las emociones sin pasar por la comida. Esto incluye:
- Dejar de sentir vergüenza por lo que te pasa.
- Reconciliarte con tu cuerpo, no como un enemigo a dominar, sino como un hogar.
- Aprender a sentir las emociones sin necesidad de anestesiarlas con comida.
- Recuperar la libertad de comer sin culpa, de parar sin miedo.
¿Y qué lugar ocupan los atracones?
En la mirada humanista, los atracones no son "falta de voluntad". Son mensajes de un dolor que no ha podido ser dicho. Acompañar no es obligarte a dejar de comer. Es entender qué está diciendo ese atracón, y luego, cuando hayas aprendido otras formas de habitar el dolor, el atracón se irá deshaciendo por sí solo.
Esta es la mirada que ofrecemos en este directorio. Y es la mirada que guía la forma en que nuestros profesionales acompañan a quienes viven este círculo.
¿Cómo puede ayudar un acompañamiento humanista?
En el counselling, la terapia y/o la psicoterapia humanista no se te mirará como un "trastorno" ni se te pondrá ninguna etiqueta que te encierre. Se te verá como una persona que, en este momento de su vida, sufre con la comida, y ha encontrado en los atracones una forma —dolorosa pero eficaz— de calmar un dolor que no sabe cómo nombrar de otro modo.
No se tratará de "ponerte a dieta" ni de "controlar tu peso". Se tratará de acompañarte a entender qué hay detrás del atracón, y a encontrar otras formas de llenar el vacío.
El acompañamiento humanista, existencial y fenomenológico te ofrece:
1. Una mirada incondicional, sin etiquetas
Aquí no eres un diagnóstico. No eres "binge eater". Eres una persona con una historia, un dolor, y una forma de gestionarlo que te está haciendo daño. El terapeuta no te dirá "tienes un trastorno alimentario". Te dirá: "Cuéntame cómo es tu relación con la comida, con tu cuerpo, contigo misma".
2. Un espacio para dejar de esconder la vergüenza
Fuera de la terapia, quizás pasas la vida escondiendo lo que te pasa. Comes a escondidas, escondes los envoltorios, mientes sobre lo que has comido. Dentro, descubrirás que hay alguien que te acompaña sin juzgar. Puedes decir "anoche volví a atracarme" sin que te miren con desprecio. Y ese simple hecho —decirlo en voz alta— ya empieza a romper el hechizo.
3. Comprender tu historia sin culpar a nadie
No se trata de culpar a tu madre, a la presión social o a ti misma. Se trata de entender por qué la comida se convirtió en tu forma de consuelo. Quizás descubras que nunca aprendiste a calmar la tristeza de otra manera. O que la comida fue lo único que te dio placer en momentos difíciles. Entenderlo no es para echar la culpa, sino para dejar de cargar con algo que no elegiste.
4. Aprender a sentir las emociones sin pasar por la comida
El atracón anestesia. Llena el vacío por un rato. El acompañamiento te invitará, poco a poco, a sentir lo que hay detrás: soledad, tristeza, rabia, aburrimiento, vacío. Al principio da miedo. Pero con el tiempo descubres que puedes sentir sin morir, que las emociones pasan, y que no necesitas la comida para gestionarlas.
5. Reconciliarte con tu cuerpo
Tu cuerpo no es un enemigo. No es un proyecto de reforma. Es tu casa. El acompañamiento te ayudará a dejar de mirarte con odio, a escuchar lo que tu cuerpo te dice, a habitar tu piel sin querer huir de ella. No es rápido. Pero es posible.
6. Recuperar la libertad con la comida
Comer sin culpa. Parar sin miedo. No hay alimentos prohibidos. El acompañamiento te ayudará a desmontar las reglas rígidas que has construido alrededor de la comida, y a encontrar una relación más flexible, más amable, más viva.
7. Sanar la autoestima herida
Detrás de los atracones suele haber una creencia profunda: "No valgo nada". Esa creencia no se cambia con frases hechas. Se desmonta con experiencia: experimentando que puedes ser escuchada, que puedes poner límites, que puedes hacer cosas que creías imposibles. La terapia es ese laboratorio.
8. Un proceso a tu ritmo, sin plazos ni exigencias
No hay un tiempo fijo. No hay metas impuestas desde fuera. El acompañamiento respeta tu ritmo, tus avances y tus recaídas. Las recaídas no son fracasos. Son información. No se trata de "curarte rápido". Se trata de transformar profundamente tu relación con la comida, con tu cuerpo y contigo misma.
¿Qué debo buscar en un counsellor o terapeuta?
Si decides buscar acompañamiento para esta dificultad, aquí tienes algunas pistas para encontrar a la persona adecuada:
1. Que sea miembro activo de una asociación profesional o colegio de psicólogos
Este es un punto fundamental. Un profesional que pertenece a una asociación profesional referente en el enfoque humanista, existencial y fenomenológico —como AECO (Asociación Española de Counselling), AIGC (Asociación Instituto Gestalt Counselling), FEAP (Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas), AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt), AEIPP (Asociación Europea de Psicoterapia Integrativa), AICO (Asociación Italiana de Counselling), BACP (British Association for Counselling and Psychotherapy) y otras asociaciones profesionales reconocidas— acredita y prestigia su práctica.
Es importante saber que en Europa, la EACP (European Association for Counselling Profession) es la entidad que nuclea y agrupa el movimiento del counselling en general, estableciendo estándares éticos y de buenas prácticas a nivel europeo.
La pertenencia a estas asociaciones implica:
- Que cumple con un código deontológico que guía su trabajo de forma ética.
- Que se compromete con buenas prácticas profesionales y formación continua.
- Que existe un sistema de quejas al que puedes recurrir si algo no va bien o si hay abusos o malas prácticas.
No dudes en preguntar directamente al profesional: "¿Eres miembro activo de alguna asociación profesional? ¿Cuál?" Un buen terapeuta te responderá con transparencia.
2. Que te sientas acogida sin vergüenza
Lo más importante es que puedas hablar de lo que te pasa sin sentir que te van a juzgar. Si el terapeuta te mira con horror, con lástima o con prisa por "corregirte", no es el adecuado.
3. Que no te ponga a dieta desde el primer día
Si el terapeuta empieza dándote un plan de adelgazamiento o prohibiéndote alimentos, probablemente no está trabajando desde la mirada humanista. El enfoque humanista no impone. Acompaña.
4. Que entienda que esto no es "falta de voluntad"
Un buen terapeuta sabe que los atracones no se controlan con fuerza de voluntad. Se entienden.
5. Que tenga experiencia en este tipo de acompañamiento
Pregunta directamente: "¿Has acompañado antes a personas que viven atracones?" Un profesional con experiencia sabrá responder con ejemplos y sin alarmarte.
6. Que te ofrezca una primera conversación sin compromiso
Muchos terapeutas ofrecen una primera sesión gratuita o a precio reducido. Aprovéchala para conocerle, para preguntar cómo trabaja y para escuchar tu propia intuición. Si algo no te convence, puedes seguir buscando.
Recuerda: La relación con tu terapeuta es lo más importante. Más que su formación, más que su experiencia. Si te sientes segura y escuchada, el trabajo podrá florecer.
Profesionales que acompañan este tipo de sufrimiento
Próximamente habrá profesionales especializados en este acompañamiento.